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Los límites que nos pone la mente

Hace algunos años me enseñaron un ejercicio en el que comprobé que los límites de nuestro cuerpo muchas veces no están donde creemos que están... El experimento consistía en girar la cintura hacia atrás, estirando el brazo y el dedo índice hasta que no podamos más. Llegados a ese punto memorizamos el lugar al q está apuntando el dedo para tomarlo de referencia. Ahora volvemos despacio hacia el frente, cerramos los ojos y visualizamos ese punto de referencia, nos imaginamos que llegamos más lejos de ese punto y nos damos la orden mental de llegar más lejos, de que podemos ir aunque sean unos centrímetros más lejos. Después de algunos minutos de concentración, abrimos los ojos y vamos lentamente de nuevo girando la cintura con el brazo y el índice estirados. Poco a poco llegamos al lugar donde nos paramos antes y... por arte de magia nuestro cuerpo no se para aquí sino que va un poquito más lejos y lo que es más increíble, sin apenas esfuerzo!

Os he contado este experimento porque recientemente hemos vivido una experiencia increíble en lo más alto de las montañas, a casi 4000 metros de altura. Notas como hacer ejercicio, sea correr, saltar, te cuesta más porque te falta más oxígeno, amen de otros males típicos a esas alturas... Pues bien comenzamos una caminata por el glaciar, afortunadamente los cuatro que íbamos nos encontrábamos bien, sin dolores ni molestias que perturbaran el ejercicio. A los quince minutos más o menos de ir caminando notas que tu corazón se acelera y tu ritmo de paso se ralentiza un poco. Entonces nos encontramos con una subida y aquí empezó la parte divertida. Otros quince minutos cuesta arriba y ya empiezan a cambiar los síntomas... uno del equipo dice que nota hormigueo por el cuerpo, otros con el corazón aún más acelerado, el ritmo de los pasos aún más lento... yo también noto que cada paso me cuesta más, pero voy bien... y ahora un poquito más difícil todavía... comienza a soplar el viento... el viento en lo alto de las montañas es una de las cosas más molestas que he vivido... si no te protejes las orejas, al cabo de diez minutos, al menos a mí, me empiezan a doler los oídos, cada vez más... y así fue como me pasó también allí... Ya llevábamos casi una hora andando a esas altitudes, con cansancio y yo rabiando con los oídos...

Aquí fue donde la mente de cada uno entró en juego... el del hormigueo se empezó a poner nervioso porque era una sensación nueva y no sabía cómo interpretarla, los del cansancio incluída yo, empezamos a pensar si no podríamos llegar a la bandera (q era nuestra meta)... a mí me dolían los oídos una barbaridad, peor que aquella otra vez en la Maroma, y entonces te pones a pensar cosas raras como "qué pasa si me desmayo aquí  por falta de aire en mitad de la nieve?", casi media hora del puesto de socorro más cercano. La incomodidad te invade y tu cuerpo empieza a darte señales nefastas como esas ganas inminentes de hacer pipí o "lo otro", ligeros mareos... total que me dije, "stop!", no voy a seguir pensando así pq entonces fijo q no llego, y si me da un apretón pues nada, me aparto del camino y dejo mi regalito. 

Cambié el chip y me concentré en celebrar cada paso que daba y me acercaba más a la meta, incluso empecé a decir "bien" en voz alta... Y entonces... magia potagia... desaparecen esas señales nefastas... me siento mejor y con más fuerza... aunque los oídos me siguen doliento a rabiar... pero ignoro las señales de dolor y sigo adelante... "bien"!, "bien!", "bien!"... animo también a mis compañeros.... hace un ratito que nadie habla porque todos estamos con molestias, excepto Pablo que va el primero y está decidido a llegar al final... Decidimos por unanimidad no rendirnos hasta tocar la bandera, ya queda menos. El que va el primero quiere llegar tb al refugio que está a escasos 500 metros más allá de la bandera, pero yo me doy por satisfecha y más que satisfecha cuando llegamos exhaustos a la bandera. Lo conseguimos! Me siento en la nieve y me tapo los oídos con las manos descubiertas para darme calor y no dejar que el jodido viento entre. A los tres minutos me noto mejoría.

Hablamos en la cima de lo que cada uno ha sentido durante el duro tramo final, cuando se hizo el silencio y cada uno estaba luchando con su mente para seguir. Me sorprendo descubriendo que hemos pensado cosas parecidas, nuestra mente ha intentado ponernos límites para no llegar. Sin embargo hemos vencido a nuestra mente y lo celebramos con una bajada cantando canciones de heidi jajaja

Moraleja: si siempre tienes la mente a tu favor, llegarás más lejos de lo que crees... ten fe en tí y los aparentes milagros ocurrirán.

Comentarios

  1. Saber de tus pensamientos me remontan a experiencias propias. Un día estando delante de mi amiga la psicóloga Pilar, me dijo que con la fuerza que emanaba de mis palabras en ese mismo instante podía desmayarme si yo quería. Creí que era verdad y trasladé mis palabras de ansiedad a otra idea diferente a la que estaba exponiendo. Se calmó mi pulso y respire mejor sin proponérmelo. Desconocer nuestro potencial nos priva de conseguir cosas grandes.

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