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El síndrome de Ulises

Revisando una entrada que escribí hace tres años como una especie de nota virtual para investigar más sobre este síndrome, me propongo a actualizar dicha información dándole al mismo tiempo un punto de vista basado en mi propia experiencia como emigrante/inmigrante durante casi 7 años.

Por definición en la wikipedia...
El síndrome de Ulises, también conocido como síndrome del emigrante con estrés crónico y múltiple, es un cuadro psicológico que afecta a inmigrantes que viven situaciones extremas, más de 50 millones de personas en el mundo de hoy. El nombre se inspira en el héroe mítico Ulises, el cual vivió innumerables adversidades y peligros, lejos de sus seres queridos.

Los inmigrantes que no vivimos en "situaciones extremas" también tenemos cierto riesgo de padecer síntomas de este síndrome en distintos grados, como muy bien explica este artículo psicológico. Para mí fue un consuelo saber que lo que me pasaba tenía un nombre y que era incluso hasta cierto punto normal... pero ¿por qué aparece?

Casi todos los que hemos emigrado a un país con una cultura e idioma diferente al nuestro pasamos por la inevitable etapa inicial de ansiedad para intentar adaptarnos rápidamente al entorno. Hay que luchar con muchas inseguridades y miedos, digerir nuevas leyes, costumbres... Afortunadamente este tipo de estrés disminuye su intensidad con los años, conforme vamos fundando conocimientos y herramientas que nos ayudan en el día a día. 

También cargamos con el llamado duelo migratorio, que nos acompañará durante todo nuestro viaje. Como explica este estudio, este "compañero" es complejo y a veces difícil de contentar. Comento algunas de sus características:
  • parcial: no es un duelo verdadero ya que no se ha muerto nadie, simplemente nos hemos alejado un poco (a veces sin el poco) de nuestros seres queridos.
  • recurrente: cada vez que visitamos a nuestra familia y amigos allí, de algún modo realimentamos este duelo con las continuas despedidas (yo incluso a veces me sigo emocionando un poco).
  • múltiple: resulta que este compañero en verdad no es uno sino siete amiguitos (como afirma Achotegui 1999). Duelo por la familia y los amigos, por la lengua, por la cultura y valores, por la tierra, por el estatus social, por el contacto humano y por los riesgos físicos. Yo añadiría un duelo más... por la comida.
  • desafiante: desafía a nuestra identidad haciéndonos preguntas del tipo ¿de verdad te sientes integrado en este país?
Pasado el período inicial, las cosas se van normalizando. Aprendemos a llevarnos más o menos bien con el dichoso duelo migratorio pero indudablemente llega el momento de empezar a valorar lo que estamos viviendo. ¿Se están cumpliendo mis expectativas o no? Este punto es crucial y muy importante. En mi caso, no es que me hubiera formado grandes ideas, de hecho tuve que confiar en dejarme llevar por las "corrientes del destino", pero de algún modo, quizás inconsciente, mis expectativas no se han cumplido. Me siento afortunada por muchas cosas que he conocido sólo a través de la emigración y no me arrepiento de mis decisiones, pero "la inmortalidad no es suficiente para retenerme por siempre en la isla de Calipso" (permitidme que cite a nuestro héroe Ulises).

Y es en este momento y no en otro, cuando aparecen los llamados sentimientos del síndrome de Ulises:
  • soledad: sentimos un vacío afectivo que nuestros amigos aquí no pueden completar.
  • tristeza: podemos reducirla a nostalgia.
  • culpabilidad: este punto no lo comparto en la misma forma con el escritor del artículo. Yo he vivido la culpabilidad cuando alguien de mi familia estaba pasando por una enfermedad o un mal momento y no he podido estar a su lado. Sientes que es tu deber estar allí ayudando y no puedes.
  • desengaño: la frustración es cierto que nos puede provocar algo de resentimiento a veces.
Además pueden aparecer ciertos trastornos físicos como insomnio, dolores de cabeza y de estómago. Doy fe de todo. 
El artículo referenciado propone varias recomendaciones lógicas para afrontar estos síntomas que no voy a repetir. Simplemente añadiré los consejos que a mí me están funcionando: 
  • primero dejar de analizar el problema con la cabeza como si fuera un acertijo matemático a resolver y escuchar más nuestro corazón.
  • ser honestos cuando sentimos que algo no va bien: a veces podemos tenerlo todo, aparentemente, y a pesar de eso no ser felices. Hay que atreverse a ir más allá y profundizar hasta dar con la razón del descontento.
  • buscar una solución al verdadero problema, ahora sí podemos poner a trabajar mente y corazón para encontrar la más óptima dadas nuestras circunstancias.
  • por último creer en nosotros mismos, en nuestra decisión y no tener miedo a emprender otra cruzada llena de nuevas aventuras.
Espero que este artículo-reflexión os sirva para conoceros más y de algún modo os ayude en vuestra odisea. Buen viaje y nos vemos en Itaca ;)

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